You are using an outdated browser

In order to deliver the greatest experience to our visitors we use cutting edge web development techniques that require a modern browser. To view this page please use Google Chrome, Mozilla Firefox or Internet Explorer 11 or greater

Patrocinada por: Patrocinador: Fundación BBVA
Con la colaboración de: Colaborador: Terra Foundation for American Art
Patrocinada por: Patrocinador: Fundación BBVA
Con la colaboración de: Colaborador: Terra Foundation for American Art

El Expresionismo Abstracto fue el primer gran movimiento artístico americano

París fue durante siglos el epicentro del arte, donde confluían artistas, marchantes y coleccionistas de todo el mundo, pero en las décadas de 1940 y 1950 surgió un nuevo movimiento que situó a EE. UU. en el centro de la escena. Caracterizado por enormes pinturas abstractas realizadas al óleo y llenas de emoción, el Expresionismo Abstracto convirtió rápidamente a Nueva York en la capital del mundo del arte. Este fenómeno, que se desarrolló justo después de la Gran Depresión y durante la Guerra de Vietnam, coincidió con la transformación de EE. UU. en superpotencia global dominante. “En la confianza y libertad de expresión del Expresionismo Abstracto hay una sensación muy americana”, afirma Edith Devaney, comisaria de la exposición.

Pero sus raíces se hallaban en Europa

El Expresionismo Abstracto tiene una gran deuda con la tradición moderna europea. Su interés por las formas de creatividad espontáneas, automáticas o inconscientes es una herencia directa del Surrealismo. Además, las obras de Pablo Picasso se consideraron un referente al que aspiraba el Expresionismo Abstracto. Naturalmente, EE.UU. tenía una larga historia de emigrantes procedentes de Europa y el caso del Expresionismo Abstracto no fue una excepción: el pintor Hans Hofmann nació en Alemania; Willem de Kooning se formó en los Países Bajos; incluso la propia denominación “Expresionismo Abstracto” se empleó por primera vez en Alemania en 1919 para describir el Expresionismo alemán, y no se aplicó a la nueva oleada de artistas americanos hasta 1946.

¿Campos de color o pintura de acción?

En general, los historiadores del arte han tendido a dividir el Expresionismo Abstracto en dos categorías. La primera de ellas se conoce como “pintura de acción”, expresión acuñada por el crítico de arte estadounidense Harold Rosenberg en 1952. La pintura de acción, entre cuyos máximos exponentes se encuentra Jackson Pollock, junto con Willem de Kooning y Franz Kline, se caracteriza por considerar la pintura como acto de creación dinámico. En el extremo opuesto se halla lo que el crítico Clement Greenberg describió como “pintura de campos de color”, en la que se emplean grandes superficies de colores aplicados de manera más plana, como ejemplifican artistas como Mark Rothko, Clyfford Still y Barnett Newman.

¿O ninguna de las dos?

De hecho, tal y como revela esta exposición, el Expresionismo Abstracto era mucho más que la pintura de campos de color o la pintura de acción. La muestra pone de manifiesto la versatilidad de muchos de sus artistas, como evidencian desde las pinturas de pequeño tamaño realizadas por Pollock con pintura derramada hasta las sorprendentes y triunfales obras de brillantes anaranjados y amarillos de Rothko. Aunque la exposición se centra en las figuras principales de Nueva York (Pollock y Rothko, De Kooning, Kline y Robert Motherwell, entre otros), también incluye a artistas de la zona de San Francisco (como Clyfford Still y Sam Francis), así como a algunas de las muchas artistas que estuvieron en primera línea del movimiento: Helen Frankenthaler, Lee Krasner y Joan Mitchell. Esta exposición, la primera gran muestra del Expresionismo Abstracto americano organizada en Europa desde 1959, pone de relieve la diversidad del movimiento como uno de sus factores clave, que con frecuencia ha sido a menudo pasada por alto.

La escala, llevada a otro nivel

La escala es la marca de identidad del Expresionismo Abstracto. A algunos de los artistas les influyó su experiencia en la pintura de murales para el Federal Art Project, proyecto del programa New Deal, y muchos pasaron a crear lienzos colosales que prácticamente engullen al observador. El arte expresionista abstracto invita al encuentro entre el artista y el espectador: el artista expresa sus emociones y transmite la sensación de estar presente en la obra, mientras que la percepción del observador es el componente final de esta. Pollock afirmó en 1950 que la pintura abstracta “se enfrenta” al espectador. Como evidencia la Capilla Rothko, en Houston, la manera en que se expone la obra puede potenciar la intensidad de este encuentro.

El Expresionismo Abstracto no es solo pintura

Pese a que su producción más conocida en la actualidad son las pinturas de artistas como Pollock y Rothko, el Expresionismo Abstracto abarca un abanico mucho mayor de medios de lo que generalmente se reconoce. Durante este período, la escultura, el collage y la fotografía fueron especialmente relevantes. Artistas como David Smith adquirieron renombre por sus enormes esculturas de exterior y por su arte público, mientras que Aaron Siskind buscó capturar en su fotografía el mismo tipo de energía y movimiento que Pollock trataba de evocar a través de la pintura de acción. Por su parte, Hans Namuth es célebre fundamentalmente por sus retratos fotográficos de Pollock trabajando en su estudio.

Los artistas celebraban el arte y se apoyaban mutuamente

Pese a que Pollock saltó a la fama prácticamente al instante, a muchos de los artistas del movimiento les llegó más lentamente el reconocimiento, y algunos de ellos ni siquiera lo obtuvieron. Además de su práctica artística, Robert Motherwell y Barnett Newman trabajaron como críticos y, junto con Clement Greenberg y Harold Rosenberg, contribuyeron a dar a conocer el movimiento y a concitar la atención del público general. Pero los artistas también se apoyaban mutuamente: en 1949, fundaron el Artist’s Club, un espacio de reunión en el que podían comer, beber, debatir sobre arte y organizar exposiciones.

La audacia de dos mujeres

Si bien los Expresionistas Abstractos que mayor proyección alcanzaron fueron en su mayoría hombres, esta se debió, en parte, al apoyo y determinación de dos mujeres: Peggy Guggenheim y Betty Parsons. Estas dos galeristas abordaron el mercado del arte de manera distinta, algo que fue patente en diversos aspectos, desde el diseño de sus espacios expositivos hasta las relaciones y acuerdos que alcanzaron con los artistas a quienes respaldaron. La singular Art of This Century, diseñada en su totalidad por Frederick Kiesler para Peggy Guggenheim, contrastaba con los modernos espacios blancos y abiertos de la Betty Parsons Gallery. Mientras que para la primera su faceta de coleccionista y mecenas estaba muy ligada a sus relaciones con los artistas, la segunda estableció contratos detallados con ellos, al tiempo que les otorgó libertad para disponer sus propias exposiciones.

Uso de cookies

En esta página, utilizamos cookies para aportarte una mejor experiencia de navegación y un servicio más personalizado. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso.
Puedes cambiar la configuración u obtener más información consultando nuestra política de cookies